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DUDAS Y RESPUESTAS SOBRE LA VACUNA FRENTE A LA COVID-19

Un año después de la aparición del coronavirus SARS-CoV-2, causante de la pandemia COVID-19, la ciencia ha logrado producir millones de vacunas que están llegando a la población. Durante este periodo de renovada esperanza en las vacunas, la sociedad ha estado expuesta a un exceso de información sin precedentes, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha catalogado con los términos “infoxicación” e “infodemia”, y que ha resultado en multitud de datos, a menudo malinterpretados, que han comprometido la confianza de la población en las vacunas.

Las Asociaciones Españolas de Pediatría y de Vacunología y las Sociedades Españolas de Inmunología, Microbiología y de Virología han manifiestado su apoyo y asesoramiento a la vacunación contra la COVID-19, firmando un comunicado en el que consideran que su apoyo y asesoramiento en las decisiones gubernamentales y de las autoridades sanitarias, es fundamental para mantener la aceptación social que España tiene de la vacunación.

En este sentido, estas instituciones científicas quieren poner de manifiesto la importancia que la vacunación tiene contra la COVID-19:

Mediante la vacunación se logrará, en primera instancia, la disminución de los ingresos en nuestros hospitales y UCIs, así como de la mortalidad en los colectivos más vulnerables; posteriormente, y conforme se alcance la inmunidad de grupo, se disminuirá la transmisión de la enfermedad y, finalmente, podremos recuperar nuestra anterior normalidad.

Para conseguir la inmunidad colectiva mediante la vacunación voluntaria es importante infundir confianza a la sociedad en forma de conocimientos científicos racionales y objetivos. Por ello, en este comunicado y el documento anexo se ofrece una respuesta transparente a la ciudadanía sobre cuestiones acerca de los posibles riesgos y múltiples beneficios de la vacunación.

En su comunicado recalcan que “hacer frente a la pandemia es un compromiso de todos, como se ha demostrado con las medidas de distanciamiento físico adoptadas hasta ahora. La llegada de las vacunas contra la COVID-19 requerirán de un esfuerzo sin precedentes en cuanto a la adquisición, almacenaje, distribución y administración de las mismas. Pero aún más importante es el compromiso de toda la población de recibir las vacunas. Del mismo modo que la globalización contribuyó a distribuir la pandemia por todo el planeta, terminar con la pandemia mediante la vacunación es también un compromiso global. Esto significa que todos los países sin excepción necesitan alcanzar una cobertura de vacunación suficiente, pues no podemos olvidar que las enfermedades infecciosas viajan junto a las personas”.

Si bien las vacunas que acaban de ser aprobadas contribuirán positivamente al control de la pandemia en países occidentales, estas vacunas tienen serios problemas para su distribución y almacenamiento en países en vías de desarrollo. Por ello, tanto el apoyo a las vacunas actuales y su seguimiento de seguridad y eficacia como a la investigación en nuevas vacunas seguirá siendo una prioridad.

Por primera vez en la historia de la humanidad gracias a las vacunas se dispone de herramientas para poder controlar una pandemia mediante la inmunización de la población mundial y evitar un mayor número de fallecimientos. Las vacunas han demostrado ser la única opción disponible hasta la actualidad para evitar el padecimiento de la enfermedad a través del desarrollo por parte de nuestro organismo de protección directa frente al patógeno que la causa. Depende ahora de todos, científicos, profesionales de la salud y población general, conseguir en el menor tiempo posible la inmunidad indirecta necesaria a través de la vacunación para que el virus deje de circular. Esta es la única esperanza real de que disponemos para volver lo antes posible a nuestra anterior normalidad.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE LA VACUNACIÓN

1.- ¿En qué consisten las vacunas contra el SARS-CoV-2?

Son numerosos los productos candidatos a vacuna del COVID-19 en investigación, pero dos de ellos destacan por los avances logrados. Se trata de la vacuna BNT162b2 (Pfizer-BioNTech) y la vacuna mRNA-1273 (Moderna). Estas vacunas han sido aprobadas por la Administración Americana de Fármacos y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés), y la vacuna de Pfizer-BioNTech ha obtenido recientemente la aprobación de la Agencia Europea de los Medicamentos (EMA), que será comercializada en Europa bajo el nombre comercial de Comirnaty.

En ambos casos se ha desarrollado con la tecnología del ARN mensajero (ARNm, o mRNA en inglés), que no se ha utilizado previamente en humanos. El ARN mensajero es una molécula natural que producen nuestras propias células humanas y contiene la información necesaria para la producción de las proteínas constituyentes de cada célula. Las vacunas BNT162b2 y mRNA-1273 consisten en ARN mensajeros modificados para producir la proteína S (del inglés “Spike“ o espícula) del SARS-CoV-2. Este ARN mensajero se vehiculiza mediante vesículas lipídicas, que permiten que el ARN llegue al interior de las células humanas, donde se producirá la proteína S, sin riesgo de que pueda integrarse en su ADN.

En ambos casos, nuestro sistema inmunológico reconocería la proteína S como algo extraño y genera anticuerpos e inmunidad celular contra ella. Es un mecanismo de inmunización similar al que se consigue con la vacuna DTP contra la difteria, el tétanos y la tos ferina. La diferencia de las vacunas frente a la COVID-19 con vacunas como la DTP es que en estas últimas se administran las proteínas contra las que pretendemos inmunizarnos, mientras que en las primeras se administra el material genético encargado de producir dichas proteínas, pero el resultado final es el mismo.

2.- ¿Son seguras las vacunas contra el SARS-CoV-2?

La seguridad de una vacuna es lo primero que se comprueba cuando se llega a la fase de investigación con seres humanos. Las vacunas son fármacos que se administran por regla general a personas sanas y por ese motivo se les exige el máximo nivel de seguridad. Si una vacuna causa efectos adversos graves y se considera que no es segura se suspende inmediatamente la investigación. La seguridad de las vacunas se ensaya tradicionalmente en animales de laboratorio y después con un número reducido de personas voluntarias, pero en el caso de las vacunas contra la COVID-19, se han vacunado miles de personas antes de su aprobación.

En el caso de las vacunas contra la COVID-19 de Moderna y Pfizer-BioNTech, se han ensayado en centenares de personas durante las fases clínicas I y II. Las primeras vacunaciones para evaluar la seguridad comenzaron en marzo y mayo para las vacunas de Moderna y Pfizer-BioNTech respectivamente, lo que significa que la seguridad de las vacunas ha sido evaluada como mínimo durante un periodo que oscila entre 7 y 9 meses. Únicamente se han observado efectos leves o moderados (fiebre, inflamación local, dolor de cabeza, malestar, fatiga, etc.), que son comunes a otras vacunaciones. En ningún caso se han detectado efectos graves. El ensayo de estas vacunas en decenas o centenares de miles de personas, como ha ocurrido durante la fase III, permitirá el seguimiento de efectos adversos infrecuentes que pueden ocurrir en menos de 1 por cada 10 000 personas, y que también se dan en otras vacunas. Por otro lado, el seguimiento de los voluntarios inicialmente vacunados en las fases I, II y III permitirá detectar si existen efectos adversos a largo plazo.

Estos efectos infrecuentes y/o a largo plazo tienen que ver con la propia variabilidad biológica de cada persona. Del mismo modo que existen personas con alergias a determinados medicamentos, alimentos, etc., también se pueden desarrollar efectos adversos a alguno de los componentes de las vacunas. La amplia mayoría de las vacunas comercializadas hasta el momento han demostrado una seguridad muy elevada tanto a medio como a largo plazo, que es lo que cabe esperar también con estas nuevas vacunas.

3.- ¿Qué significan los valores de eficacia de las vacunas?

Al igual que ha ocurrido en las fases de seguridad, el número de vacunados para evaluar la eficacia de estas vacunas ha sido de decenas de miles de personas, que es significativamente mayor que con otras vacunas. Las vacunas de Moderna y Pfizer-BioNTech han demostrado hasta el momento eficacias del 94,5 % y 95 % respectivamente. Estos datos se obtuvieron tras vacunar a 30 400 y 43 448 voluntarios con las vacunas de Moderna, y Pfizer-BioNTech respectivamente. Aproximadamente la mitad de cada grupo de voluntarios recibió la vacuna y la otra mitad recibió placebo (un producto inactivo que sirve de comparador o control). Tras evaluar los casos de COVID-19 a lo largo del tiempo en los grupos vacunado vs placebo, se observaron los siguientes casos de la enfermedad: 5 vs 90 y 8 vs 162, para las vacunas de Moderna, y Pfizer-BioNTech respectivamente.

Las cifras de eficacia de las vacunas de Moderna y Pfizer-BioNTech son muy relevantes, y permitirían asumir que vacunando al 60-70 % de la población se alcanzaría un nivel de inmunidad de grupo suficiente. En consecuencia, lograr una cobertura de vacunación igual o superior al 60 % recomendado por la OMS es una prioridad. También es importante destacar que, gracias al gran número de voluntarios ensayado en las fases de eficacia, es posible documentar efectos adversos infrecuentes; es decir, aquellos que ocurren en 1 de cada 10 000 personas, o menos.

4.- ¿Las vacunas previenen de la infección o de la enfermedad?

Los datos de las vacunas de Moderna y Pfizer-BioNTech no permiten saber si evitan la infección por SARS-CoV-2, pero sí reducen la probabilidad de desarrollar formas moderadas o graves de la enfermedad COVID-19. Esto significa que una persona vacunada puede ser portadora sintomática o asintomática del virus y, por tanto, parece que la vacuna no evitaría la transmisión del virus, pero sí evitaría padecer la enfermedad. Ante esta perspectiva, y a falta de alcanzar un cierto grado de inmunidad colectiva, es imprescindible continuar con las medidas de distanciamiento físico, reducción de aforos y el uso de mascarillas.

La prevención de la enfermedad, sin prevenir la infección, también es común a otras vacunas. Por ejemplo, la vacuna contra la tosferina no evita la colonización por la bacteria que causa esta enfermedad, pero la respuesta inmunológica conseguida con la vacunación neutraliza la capacidad de esta bacteria para causar la enfermedad.

5.- ¿Cuánto tiempo dura la inmunidad de estas vacunas?

Los datos de los primeros voluntarios vacunados datan de marzo a mayo de 2020, por lo que el periodo máximo en el que se pueden evaluar la respuesta de anticuerpos o la inmunidad celular es de 7 a 9 meses en el momento actual. Los datos de personas infectadas (que no vacunadas) con el SARS-CoV-2 indican que la infección natural proporciona una inmunidad duradera, detectándose anticuerpos hasta 3 meses después de la infección inicial. Por otro lado, se ha detectado inmunidad celular cruzada entre coronavirus causantes de resfriados estacionales y el nuevo SARS-CoV-2. Esta inmunidad es de varios años, según estudios realizados con muestras de personas infectadas por dichos coronavirus estacionales antes del 2019. En ningún caso estos hallazgos tras una infección natural son extrapolables a los que se obtendrán mediante la vacunación, si bien se estima que la inmunidad conferida por la vacunación será, probablemente, tan potente o más que la conferida por la infección natural.

6.- ¿Puede hacerse el virus “resistente” a las vacunas?

Las dos vacunas aprobadas por la FDA y/o la EMA están basadas en la inmunización contra la proteína S del virus, aunque éste contiene también otras proteínas estructurales. Hay que tener presente que los virus mutan, ya que es su mecanismo natural para evolucionar. Hasta la fecha se han documentado múltiples mutaciones en el genoma del SARS-CoV-2, y algunas de ellas podrían provocar cambios en las proteínas de su estructura.

Aunque la proteína S parece no presentar una tasa de mutación mayor que el resto del genoma, no es posible prever cómo va a evolucionar el virus una vez iniciada la vacunación masiva. En caso de acumularse varias mutaciones en la proteína S, las vacunas podrían ver reducida su efectividad. Si así fuera, existe la posibilidad de reformular los preparados vacunales con la información correspondiente al nuevo virus, del mismo modo que se realiza para la vacuna de la gripe estacional.

7.- ¿Es posible obtener vacunas frente a cualquier enfermedad infecciosa?

No, la disponibilidad y el desarrollo de vacunas encuentra a veces limitaciones debido entre otras causas al agente patógeno. Así la variabilidad y los cambios que experimenta el microorganismo puede evitar el éxito del desarrollo de una vacuna eficaz. En el caso del SARS-CoV-2 tenemos la ventaja de que es un virus con una frecuencia de mutación no demasiado alta si lo comparamos con los virus de la gripe o el VIH, por ejemplo. Este es el motivo por el que la vacuna contra la gripe tenga que ser renovada año tras año. También es el motivo por el que tras 40 años de convivencia con el VIH no tengamos una vacuna efectiva contra este virus. En el contexto de la COVID-19, la ciencia ha realizado un progreso sin precedentes para desarrollar vacunas eficaces en menos de un año.

8.- ¿Cómo ha sido posible construir las vacunas tan rápidamente?

El desarrollo científico y tecnológico actual, además de la situación de catástrofe sanitaria global, ha posibilitado que, en el año 2020, la Comunidad Científica, Económica y Política, hayan sido capaces de aunar esfuerzos en la lucha contra la pandemia COVID-19, siendo la búsqueda de la prevención mediante vacunación una prioridad. Así, si para poner a punto una vacuna preventiva son necesarios al menos 10-15 años de desarrollo, en el caso de las vacunas frente a COVID-19, los procedimientos y las fases de los ensayos clínicos y producción de las vacunas se han acelerado de la siguiente manera.

Por un lado, la fase preclínica, que es donde se investigan los posibles candidatos a vacuna en el laboratorio, se ha reducido significativamente gracias al conocimiento previo de otros coronavirus, como el SARS-CoV-1 (2003) y el MERS-CoV (2012). La secuenciación en tiempo récord del genoma del SARS-CoV-2 y la comprobación de que, igual que con los anteriores coronavirus, la proteína S jugaba un papel fundamental, permitieron perfilar dicha proteína como la diana de un posible candidato a vacuna.

La proteína S es una proteína relativamente grande, abundante en la superficie del virus, y es la llave de entrada a las células humanas. Por lo tanto, es de esperar que el bloqueo de dicha proteína mediante anticuerpos neutralizantes resulte en una respuesta inmunológica efectiva.

Por otro lado, las tecnologías de vacunas basadas en ARNm ya habían sido desarrolladas previamente como estrategias vacunales frente al cáncer, lo que ha permitido el “reciclaje” y readaptación de desarrollos tecnológicos ya existentes.

Finalmente, las fases de los ensayos en humanos se han acelerado considerablemente debido al solapamiento que se ha autorizado para poder llevar a cabo las diferentes fases clínicas (fases I, II y III). Habitualmente una fase clínica comienza, por motivos operativos y de costes, cuando ha concluido la fase anterior, pero en el caso de las vacunas contra la COVID-19 se han superado estas dificultades y acelerado el proceso.

También es importante destacar que se han desarrollado las infraestructuras necesarias para la producción de millones de vacunas antes de tener ningún dato sobre la eficacia o seguridad de las mismas. Este es un riesgo que han asumido las empresas encargadas de la producción de vacunas gracias, en parte, a la importante inversión de algunos países, entre ellos los europeos.

9.- ¿Es normal tener dudas sobre la vacunación contra la COVID-19?

Aquí desempeñan un papel importante dos factores: el inherente miedo ante lo desconocido y el exceso de información no contrastada recibida por la población en lo referente a las vacunas contra la COVID-19.

Es lógico y comprensible dudar sobre todo lo relacionado con una enfermedad que hasta hace un año ni siquiera existía. En ese contexto, es encomiable el comportamiento de la población que ha seguido las recomendaciones de manera ejemplar; estas han sido cambiantes a lo largo del tiempo, pero hay que tener en cuenta que también era una enfermedad nueva para la ciencia y para los servicios de salud pública. La “infodemia” o “infoxicación” a la que ha estado expuesta la población sería el equivalente a invitar a una persona que necesita someterse a una cirugía cardiaca a visualizar una intervención quirúrgica similar en directo, recibiendo la información puntual del desarrollo de la misma. Independientemente de que el resultado final sea el óptimo, requeriría de una gran preparación mental y conocimiento especializado en esa persona para afrontar su intervención con normalidad. En el caso de las vacunas contra la COVID-19, la población, como receptor final de las mismas, ha asistido casi diariamente a los progresos realizados, con titulares a menudo confusos. Ha sido particularmente preocupante comunicar en directo los incidentes de las fases clínicas, ya que, aunque finalmente se ha descartado su relación con la vacunación, ha contribuido a crear un clima de confusión, duda y desconfianza ante las vacunas.

Hay que destacar que todas las vacunas de nuestro calendario vacunal, desde las más antiguas hasta las más recientes, han seguido los mismos pasos que las vacunas frente a la COVID-19. En todos los casos se han documentado y estudiado sus efectos adversos y se ha garantizado su elevada seguridad y eficacia. Las agencias reguladoras (EMA en Europa y AEMPS en España), son las encargadas de velar porque las vacunas contra la COVID-19 cumplan con los estándares habituales de calidad, seguridad y eficacia.

ctualmente contamos con datos de centenares de miles de personas vacunadas, no sólo durante las fases clínicas, sino también tras el inicio de las vacunaciones en Reino Unido y EE. UU.

10.- ¿Por qué es necesario un mínimo de personas vacunadas para lograr la inmunidad colectiva o de grupo?

El porcentaje de la población necesario para lograr una inmunidad colectiva depende del tipo de enfermedad y de la eficacia de las vacunas. En enfermedades que se transmiten fácilmente es necesario vacunar a un mayor porcentaje de la población. Por ejemplo, el sarampión se transmite con muchísima facilidad, por eso, a pesar de que disponemos de una vacuna muy eficaz, se requiere que un 95 % de la población esté vacunada para evitar rebrotes. Este es, precisamente, el motivo de la aparición de brotes de sarampión en situaciones en las que la cobertura de vacunación no es la óptima. La COVID-19, aunque se transmite con facilidad, no llega a alcanzar la contagiosidad del sarampión, de ahí que la cobertura de vacunación necesaria para lograr la inmunidad colectiva se estime en, aproximadamente, un 60 %.

11.- ¿Habrá más vacunas o cambiará el régimen de vacunación contra la COVID-19?

Tradicionalmente en la historia de las vacunas, la experiencia ha permitido ajustar el número, la concentración y/o los intervalos entre dosis de vacunas. Incluso en algunos casos se han reemplazado algunas estrategias vacunales por otras que presentaron menores efectos adversos y/o mayor eficacia. Por ello, no podemos descartar futuros cambios en el régimen de vacunación contra la COVID-19. En este contexto, las primeras vacunas en llegar no necesariamente han de ser las más eficaces. Existen otras vacunas candidatas que se ha ensayado en fase 3, como la vacuna ChAdOx1 nCoV-19 (Universidad de Oxford-AstraZeneca), basada en un adenovirus de chimpancé, capaz de infectar, pero no de multiplicarse, en las células humanas y, por tanto, sin ocasionar daño ni enfermedad. Este adenovirus ha sido modificado para llevar la información genética de la proteína S, de modo que, tras la infección con el adenovirus, nuestras células producirían la proteína S. Es importante destacar que continuar la investigación en nuevas vacunas es imperativo, y que existen otros candidatos a vacuna que no confían exclusivamente en la inmunización contra la proteína S, sino que utilizan virus completos, bien inactivados o atenuados, cuyo almacenamiento, transporte, distribución y vía de administración puede favorecer la mayor cobertura vacunal a nivel de la población mundial. Estas vacunas basadas en microorganismos completos son habitualmente más inmunogénicas que las basadas en una única proteína, pero es necesario ensayar más minuciosamente su seguridad.

12.- ¿Las vacunas contra la COVID-19 servirán para controlarnos o para modificarnos genéticamente?

Rotundamente no. Las vacunas son fruto del progreso del ser humano, y se llevan empleando cientos de años para evitar padecer enfermedades y como consecuencia de ello secuelas importantes, así como muertes prematuras. Algunas vacunas han conseguido erradicar enfermedades (la vacuna de la viruela), también se han mostrado eficaces en prevenir el desarrollo de cáncer (la vacuna del papiloma). La creencia errónea de pensar que las vacunas se diseñan para controlarnos o modificarnos genéticamente ha traído retrocesos en el control de algunas enfermedades, como por ejemplo el problema tan importante de la falta de erradicación de la polio en algunos países de África o Asia. La proclama de estas ideas demuestra una falta absoluta de conocimientos, ya no solo científicos, sino de la biología más fundamental.

Los farmacéuticos, dispuestos a ayudar

Igualmente, y como siempre han hecho desde que empezó la pandemia de COVID-19, los farmacéuticos de España, agrupados en el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, han querido dar un paso al frente y contribuir al buen desarrollo de la campaña de vacunación contra el virus. Por ello, el Consejo General ha hecho llegar a las autoridades sanitarias autonómicas a través de sus Consejos Autonómicos y Colegios provinciales una batería de acciones destinadas a cooperar y garantizar el mayor éxito posible en la campaña.

La primera y más importante de estas medidas es la que se refiere a la información. Las vacunas están siendo objetivos de numerosas fake news que favorecen la desconfianza en los ciudadanos. Por ello, el Consejo General ha puesto a disposición de las autoridades la red de más de 22.000 farmacias españolas como puntos de información segura.

“Podemos y queremos ser puntos de información veraz para la sociedad y ofrecer certidumbre a los pacientes, en momentos tan delicados como estos. Lo hemos hecho durante toda la pandemia y queremos seguir haciéndolo” ha recordado el presidente del Consejo, Jesús Aguilar.

Para hacerlo, el Consejo, que ha consensuado con el Ministerio de Sanidad y el resto de profesionales sanitarios la estrategia de vacunación que se va a llevar a cabo, pone en marcha hoy un completo programa de formación y actualización de vacunación en COVID 19 para farmacéuticos y remitió la pasada semana a toda la red de farmacias la información que el Ministerio ha elaborado. Estas acciones constituyen el inicio de una amplia batería de actuaciones que el Consejo está diseñando para que la Campaña de vacunación consiga los objetivos de cobertura del 70 % de la población española.

“Aún queda mucho por hacer en cuanto a sensibilización, información y educación sanitaria ya que según los datos recogidos en una encuesta puesta en marcha por el Consejo a través de la Red de Farmacias, a día de hoy, 51 % de los encuestados se vacunaría, el 33% estaría indeciso y el resto no se vacunaría” afirma Jesús Aguilar.

Junto con lo anterior, el Consejo también se ha ofrecido a establecer conjuntamente con las autoridades autonómicas, programas de adherencia y seguimiento de las pautas vacunales, para garantizar la efectividad de las vacunas, sobre todo de aquellas que precisan de dos dosis. Los farmacéuticos que ejercen en los diferentes ámbitos asistenciales –hospitales, atención primaria, farmacias comunitarias y centros sociosanitarios– son los responsables de este tipo de programas, por lo que su cooperación con el resto de profesionales sanitarios es fundamental para un eficaz seguimiento del cumplimiento de las pautas vacunales.

La tercera de las medidas más importantes es la participación de los farmacéuticos en la farmacovigilancia. Dada la capilaridad de los farmacéuticos y su especial capacitación, la profesión farmacéutica desempeña una función estratégica para garantizar el seguimiento en aspectos relativos a la seguridad de este tipo de vacunas, ya que además colabora habitualmente en programas específicos de Farmacovigilancia y en otros que se puedan implementar en el marco de la estrategia de vacunación generalizada. No solo entre la población que accede a las farmacias, sino también en la que se encuentra en centros sociosanitarios, que también son atendidos por estos establecimientos sanitarios.

Además de estas tres propuestas, “los farmacéuticos estamos dispuestos a hacer todo lo que podamos, ya sea a iniciativa nuestra o a iniciativa de las autoridades sanitarias” ha recordado Aguilar, quien se ha reafirmado asegurando que “tanto autoridades como pacientes tienen que tener la certeza de que los farmacéuticos estamos dispuestos a todo para ayudar a doblegar el virus”.

BULOS Y NOTICIAS FALSAS SOBRE TEMAS DE SALUD

Los bulos sobre salud suponen un riesgo para los pacientes que se exponen a la desinformación. La propagación de datos falsos supone un problema cada vez más grave.

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El acceso inmediato a información ilimitada que nos proporciona la digitalización puede facilitar la vida diaria, pero tiene un gran inconveniente: la proliferación de ideas falsas y de datos erróneos que, especialmente en el ámbito de la salud, suponen un peligro.

Se trata de un fenómeno en aumento [1], ya que cada vez son más los usuarios que consultan información sobre salud en Internet, a menudo sin haber recibido la orientación necesaria para discernir entre contenido de confianza y contenido poco fiable.

Según el II Estudio sobre Bulos en Salud [1], llevado a cabo por el Instituto #SaludsinBulos en 2019, el 63% de los 350 profesionales encuestados aseguró que los bulos de salud habían aumentado respecto al año anterior. Un 65% consideró que la desinformación en salud provoca una falta de confianza en el personal sanitario, que puede tener consecuencias graves en la salud. Además, el 90% afirmó que los pacientes buscan información sobre síntomas y patologías en Internet antes de acudir a una consulta.

Según el estudio, los principales canales de difusión de información errónea sobre salud son las redes sociales, especialmente  WhatsApp, Facebook y Twitter. Además, los datos del Instituto #SaludsinBulos afirman que muchas apps sobre salud no están acreditadas.

 

¿Cómo se expanden los bulos?

Muchos estudios analizan el comportamiento de los usuarios en la búsqueda de información, pero todavía se comprende poco sobre la epidemia de la desinformación. Un estudio [2] afirma que los datos falsos se propagan más y más rápido que los verdaderos, y que esto ocurre porque los datos falsos a menudo tienen un componente de novedad, sorpresa, miedo o disgusto. La literatura sobre la psicología del comportamiento en línea respalda estos datos, sugiriendo que las personas son más propensas a compartir contenido que produce una respuesta emocional.

 

Los temas con más información falsa

Algunos temas de salud son especialmente susceptibles a la desinformación, debido a la cantidad de usuarios que toman interés en ellos o a causa de terceros interesados en obtener un beneficio a través de la difusión de bulos. Entre los temas más afectados se encuentran [1]:

  • El cáncer. Según un metaanálisis de datos publicado en el Journal of Cancer Education, el 60% de las apps sobre cáncer no están certificadas, y no distinguen entre contenido científico y contenido publicitario. Además, existen bulos sobre remedios milagrosos que prometen curar el cáncer, como las semillas de albaricoque [2]. Esta es una afirmación peligrosa, ya que su consumo puede causar intoxicación por cianuro.
  • Las vacunas. Un estudio británico realizado por la Royal Society for Public Health afirma que el 41% de los padres con hijos menores de edad han recibido mensajes negativos sobre las vacunas a través de redes sociales. La proliferación falsa de esta información suele agravarse en época de infecciones virales como la gripe, lo cual puede suponer un riesgo de salud para los pacientes que deciden no vacunarse, especialmente si son pacientes de riesgo.
  • La alimentación. Según el I Estudio sobre Bulos de Salud, más de la mitad de los bulos sobre salud que circulan en la red están relacionados con la alimentación. Algunos de los datos falsos más extendidos son la existencia de “superalimentos”, la presencia de hormonas en la carne de pollo o la información errónea sobre la leche entera, desnatada, sin lactosa, etc.

La desinformación sobre el coronavirus

La pandemia de la COVID-19 ha generado una serie de informaciones falsas alrededor del coronavirus [3]. La difusión de información no oficial o contrastada, incluso si está firmada con el nombre de una persona supuestamente de confianza, supone un grave riesgo para la salud pública, ya que contribuye a aumentar el miedo y la estigmatización, e incluso a hacer que los pacientes dejen de tomar las medidas de protección recomendadas o que se expongan más al virus. Es importante que tanto los profesionales como los pacientes busquen fuentes de confianza, acreditadas por entidades sanitarias oficiales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), y que se informen sólo a través de estas fuentes. Desde la farmacia, se pueden indicar estas referencias a los pacientes que hagan consultas sobre COVID-19.

 

La farmacia contra la desinformación

El Consejo General de Colegios Farmacéuticos y el Instituto #SaludsinBulos presentaron una campaña para detener la desinformación sobre medicamentos en redes sociales [4]. La campaña, dirigida a los pacientes, incluye un decálogo de recomendaciones para aprender a distinguir información veraz e información falsa.

Desde la farmacia, se pueden mostrar las diferentes recomendaciones de esta campaña a los pacientes expuestos a información falsa sobre medicamentos. Se puede detectar si han estado expuestos a información falsa sobre medicamentos mediante la realización de preguntas relacionadas, por ejemplo, con los grandes resultados que puede prometer y si cuenta con evidencia científica.

Fuente: TevaFarmacia.

«Tecnología SCA® y ENDOCARE ampollas»

Si te perdiste el directo en el perfil de Instagram de ENDOCARE con la periodista de belleza, Silvia Capafons y la dermatóloga Maite Truchuelo, sobre ampollas ENDOCARE y la tecnología SCA® rica en factores de crecimiento, hemos recopilado lo más destacado en este post:

S: En el mercado hay infinidad de ampollas, ¿qué tiene este formato que causa este furor?

M: Es un formato que permite una alta concentración de activos y cunde mucho. Una pequeña cantidad de ampolla va a ser más eficaz que otro formato como cremas, serums..
Además, es una presentación revolucionaria porque permite que esas altas concentraciones y se conserven y no se contaminen los activos, por lo que es un sistema seguro, ligero y que se puede transportar de forma fácil

S: ¿Qué activos debe tener una buena ampolla?

M: Los activos estrella son SCA® factores de crecimiento, un concentrado bioproteico que se obtiene de la secreción purificada del cryptomphalus aspersa y tiene propiedades antioxidantes y regenerativas tanto a nivel dér,ico como epidérmico.
La vitamina C es el otro activo estrella. La mayoría de ampollas de ENDOCARE combinan Vitamina c pura con estabilizada. La diferencia en los tipos de vitamina C es que, la que está formulada como vitamina C pura permite una acción mas rápida y por otra parte, la vitamina C estabilizada muestra su efecto más a largo plazo.
A parte de estos activos estrella también encontramos otros que complementan su eficacia como los sistemas antioxidantes, los proteoglicanos…

S: ¿Qué indicaciones tiene una ampolla?

M: Depende de cada ampolla y de esos activos que comentábamos. Según se combinen y la concentración, hay diferentes ampollas para cubrir cada necesidad. Hay para iluminar, para piel seca, con efecto tensor, para fotoenvejecimiento, específicas para regeneración cutánea, para cicatrices de acné..
Para conseguir ese efecto tensor son ideales las ampollas ENDOCARE Tensage. Para pieles secas me gustan mucho las ampollas ENDOCARE RADIANCE C20 proteoglicanos.
Para regeneración cutánea recomiendo las ENDOCARE RADIANCE C Oil freeporque tienen un concentrado de SCA® factores de crecimiento muy alto, del 40%. Yo las recomiendo mucho en consulta después de tratamientos como el láser fraccionado ablativo.

S: ¿Tú utilizas ampollas ENDOCARE?

M: Como mi tipo de piel es mixta-grasa me gustan mucho las ENDOCARE RADIANCE C oil free pero cuando tengo un evento me gusta utilizar las ampollas ENDOCARE Tensage. Unas dos o tres semanas antes empiezo a utilizarlas porque tienen un 50% de SCA® y hacen un efecto más tensor. Las recomendamos a los pacientes que vienen con problemas de descolgamiento o que nos preguntan por el cuello que es una zona muy difícil de tratar

Yo utilizo media ampolla por la mañana y media por la noche, me cunde mucho así. Es verdad que hay que acordarse de ponérsela también en cuello, escote y manos, así que si la aplicamos bien en todas esas zonas igual se utiliza una entera. Si solo utilizas media, no habría problema en utilizarla al día siguiente.
Además, la vitamina C se puede poner tanto por la mañana como por la noche. Por la mañana nos oxidamos más y llevar la vitamina C nos protege y por la noche reparamos el daño que hemos acumulado durante todo el día.

S: ¿Se pueden combinar unas ampollas de día y otras de noche?

M: Claro, por el día pueden usarse, por ejemplo, las ENDOCARE RADIANCE Proteoglicanos SPF30 y por la noche, por ejemplo, las ENDOCARE Tensage. Así tendríamos la combinación de protección solar durante el día y efecto tensor por la noche.

S: ¿La Vitamina C y el retinol son compatibles?

M: La vitamina C es un ácido y la que está presente en las ampollas no irrita. El retinol hay que empezar poco a poco y dependiendo de cada piel se tolerará mejor o peor. La pauta de retinol debe ser más espaciada, hay que tener cuidado e ir poco a poco adaptando a la piel.
Se pueden combinar y a los dermatólogos esa combinación nos gusta mucho. El retinoide permite que la piel se vea con más luz.

 

 

 

Hola, ¿cómo le puedo ayudar?